¿Por qué la consagración de Rusia?

El 13 de Julio de 1917, Nuestra Señora de Fátima pidió la consagración de Rusia su Inmaculado Corazón.

En Tuy el 13 de junio de 1929, Nuestra Señora le dijo a Sor Lucia: “el momento ha llegado en que Dios pide al Santo Padre que consagre Rusia, en unión con todos los obispos del mundo a mi Corazón Inmaculado, prometiendo darle la salvación por estos medios.”

En sus memorias, Sor Lucia, escribe:

“Más tarde, por medio de una comunicación interior, Nuestro Señor me dijo, quejándose: “¡No quieren hacer caso a mi petición! Al igual que el rey de Francia, se arrepentirán y al final la harán, pero será tarde. Rusia habrá esparcido sus errores por todo el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia; el Santo Padre tendrá mucho que sufrir.”

Después, en 1930, Sor Lucia escribió acerca del significado de la aparición y la petición de Nuestro Señor: “El Buen Señor promete poner fin a la persecución en Rusia, si el Santo Padre hace el mismo una acto solemne de reparación y de consagración de Rusa a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, en unión con todo los obispos del mundo católico. El Santo Padre debe entonces prometer que al termino de dicha persecución, aprobará y recomendará la práctica de la devoción reparadora que ya he descrito”

El 29 de Agosto de 1931, Sor Lucia dijo: “Al estar pidiendo a Dios la conversión de Rusia, España y Portugal, me pareció que su Divina Majestad me dijo: “Me consuelas mucho pidiendo la conversión de estas pobres naciones. Pídelo frecuentemente, también de Madre, diciendo: “Dulce Corazón de María, sed la salvación de Rusia, España, Portugal, Europa y del mundo entero” y también: “Por tu Inmaculada Concepción, oh María, obtenedme la conversión de Rusia, España, Portugal, Europa y el mundo entero.” Hazles saber a mis ministros que si siguen el ejemplo del rey de Francia en dilatar la ejecución de mi pedido, lo seguirán en su desgracia. Nunca será demasiado tarde para recurrir a Jesús y María.”

Primera parte del comentario del Padre Stehlin, director de la Milicia de la Inmaculada:

Puesto que esta visión es el último mensaje público de Fátima, debemos considerar atentamente cada palabra del mismo. También debemos recordar que Nuestra Señora se refirió a esta visión futura el 13 de julio de 1917, anunciando que explicaría al mundo la devoción al Corazón Inmaculado.

La consagración de Rusia

La única petición de Nuestra Señora en Tuy fue la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado. Existen dos razones por las cuales Nuestra Señora pide la consagración de dicha nación y no de cualquier otra:

La primera razón es que, desde su conversión al cristianismo, Rusia siempre ha tenido una especial devoción a Nuestra Señora. El Papa Pio XII mismo lo mencionó en su acto de consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María:

“…Los innumerables iconos, monasterios y santuarios que se encuentran en el este de Europa, son la prueba del fervor religioso de estos pueblos, fervor que le deben a la “Toda Santa, Virgen y Madre de Dios”.

Si bien es cierto que Rusia siguió el cisma de Oriente, ciertamente no fue el pueblo el que eligió separarse de la Iglesia Católica. Fueron conducidos falsamente por sus gobernantes políticos y religiosos, de modo que es comprensible que Nuestra Señora, muestre una cierta predilección por ese pueblo y desee atraerlo de Nuevo a la unidad de la Iglesia Católica Romana.

Desde la Revolución de Octubre en 1917, Rusia, se ha convertido en el principal vehículo e instrumento de las fuerzas anti-cristianas. Un bastión de la ideología marxista y atea. Las apariciones de Nuestra Señora en Fátima son una respuesta del Cielo a la Revolución Rusa. Estos dos eventos se encuentran tan cercanos en el tiempo que Nuestra Señora parece preparar las fuerzas de la Iglesia militante contra esa nueva amenaza: Fátima es su estandarte de batalla contra la Revolución Comunista de Moscú. Esta es la segunda razón de la importancia especial que tiene Rusia: nunca antes en la historia, una nación completa se había convertido en un instrumento en las manos de Satanás. Como resultado de esto, Nuestra Señora ha querido hacer de Rusia el campo de batalla central de su lucha espiritual. Todo el empeño de sus fuerzas parece concentrarse en un extraordinario contraataque. Hubiéramos podido esperar un llamamiento especial con oraciones particulares, penitencias extraordinarias o grandes sacrificios y de los demás medios ordinarios para obtener la conversión. Pero la Virgen no pidió estas cosas, sino que pidió algo mucho mayor: la consagración de Rusia.

Cuando consideramos este pedido de consagrar Rusia, nos encontramos con un problema particular: ¿es posible que una persona consagre a otra? Y aún más ¿será dicha consagración efectiva si la persona es consagrada aun contra su voluntad y siendo aún un enemigo declarado de la Iglesia? Si entendemos la consagración como un ejercicio piadoso o una súplica para obtener misericordia, es fácil ver que dicha oración puede y debe hacerse en favor de los enemigos de la Iglesia. Las madres consagran a sus hijos a María, incluso cuando sus hijos están en inmersos en peligros espirituales o extraviados. Si bien podemos entender la consagración de Rusia de este modo, siendo un deseo piadoso de parte de los fieles, y una petición solemne a Nuestra Señora para que tenga piedad de Rusia y obtenga la conversión de dicha nación, este modo de entender la consagración de Rusia es inadecuado y no requeriría la cooperación de la Jerarquía eclesiástica ni del Papa en persona.

De modo que existe, un sentido aún más profundo en la petición de dicha consagración: siendo que por los designios misericordiosos del Dios, la oración de los fieles puede convertirse en instrumento para la salvación de las almas,  Nuestro Señor pide también nuestra participación en la expansión de su Reino y  en Su conquista del mundo. Esta enseñanza de la Iglesia queda expresada en la encíclica “Mystici Corporis” del Papa Pio XII (par. 106) “La inescrutable Providencia de Dios ha decretado que dichas gracias no sean concedida de una vez, sino que su mayor o menor abundancia dependerá en no pequeña parte de nuestras buenas obras, que harán descender en las almas de los hombres la lluvia celestial de los beneficios divinos otorgados por Dios. Estos dones celestiales fluirán más abundantemente si además de rezar fervorosamente a Dios, en especial por la participación cuotidiana al Sacrificio Eucarístico, luchamos por remediar la necesidad de los pobres y enfermos  por las obras de cristiana misericordia y aun si elevamos nuestros corazones hacia los bienes eternos,  en vez de atender a los bienes pasajeros de este mundo, y si sometemos nuestro cuerpo mortal a la voluntaria mortificación , negándole lo que está prohibido y cobrando ánimo para hacer cumplir lo que se presenta dura y contrario al gusto. Y finalmente, si aceptamos humildemente, como venidas de las manos de Dios, las cargas y las penas de esta vida. Así, como dice el Apóstol: “completaremos en nosotros lo que falta a los sufrimientos de Cristo en nuestro propio cuerpo, que es su Iglesia.”

Nuestra Señora misma, en Fátima, nos enseñó que la salvación de un gran número de almas depende de nuestras oraciones y sacrificios. El fundamento espiritual de los grandes movimientos marianos como la Legión de María, La Milicia de la Inmaculada, y el Ejercito Azul de Nuestra Señora de Fátima, consiste en formar una elite que se convierta en canal de la gracia desde el Corazón Inmaculado de María hacia las almas para obtener su conversión y santificación. Nuestra Señora quiere que seamos sus instrumentos: Ella quiere que recemos y ofrezcamos sacrificios por su otros hijos que están perdido en la herejía, el cisma, el judaísmo y la masonería. Las vidas y los sacrificios de Jacinta, de Santa Teresita del Niño Jesús, y de tantos otros santos nos muestra el poder de esta instrumentalidad para la conversión de los enemigos de la Iglesia. Nuestra Señora nos habla no únicamente de la conversión de los individuos, sino también de las comunidades, instituciones y aun de las naciones, y en particular de la conversión de Rusia, donde se encuentran reunidos los más enconados enemigos de la Iglesia.

Nuestra Señora pide un acto único de oración: un acto de completo sometimiento de sí mismo, un holocausto, en el sentido de la consagración. En este supremo ofrecimiento, en que se le entrega todo, sin excluir nada ni nadie.

La infinita misericordia divina nos ha equipado con esta poderosa arma de la consagración para combatir a los soldados de nuestro enemigo; con la cual destruiremos sus intenciones perversas, los haremos temblar en lo más íntimo de sus conciencias, haciéndoles dudar de la causa demoniaca por la cual pelean, y se debilitará su empeño por resistir, todo lo cual que permitirá que la buena voluntad que ha sido aplastada por la propaganda se levante nuevamente conduciéndoles a la senda del bien. En términos teológicos, ese especial acto de consagración obtendrá de parte de Dios, la gracia actual necesaria para preparar el alma de los hombres para la venida de la gracia, disponiendo al hombre a abrirse poco a poco a la Luz sobrenatural de la Verdad, que lo conduzca a la conversión. Este es precisamente el rol que la Bienaventurada Virgen ha desempeñado a lo largo de la historia, a través de sus oraciones en el cielo, de sus apariciones y de su presencia en los santuarios de la tierra, Ella abre los corazones cerrado por el pecado y los dispone a recibir la gracia de la conversión, librándolos de las garras del enemigo. Esta es la promesa que ha hecho el Corazón Inmaculado si se cumplen sus peticiones.